2013-02-24

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El Diseño Inteligente ¿Es falsable? —Michael Behe


Algunos críticos de Darwin´s Black Box (Behe 1996) han levantado algunas objeciones filosóficas contra el diseño inteligente. Discutiré acerca de algunas de estas durante las pocas secciones que vienen, comenzando con el asunto de la falsabilidad. A la hora de decidir si es o no falsable, primero uno debe estar seguro acerca de lo que significa “diseño inteligente”. Solo por la frase, alguno quizás interprete que las fuerzas de la naturaleza están en sí mismas diseñadas para producir vida y sistemas complejos, algunos de los cuales son capaces de estudiarlas. De hecho, una posición como esta fue tomada por el físico Paul Davies y el genetista Michael Denton en sus recientes libros The fifth Miracle: The search for the Origin and Meaning of Life (Davies 1999) y Nature`s Destiny: How the Laws of Biology Reveal Porpouse in the Universe (Denton 1998), respectivamente. Esta postura también parece tener en su lista a la National Academy of Science:

“Muchas personas religiosas, incluso muchos científicos sostienen la idea de que Dios creó al universo y a los distintos procesos que conducen la evolución física y biológica, y que estos procesos luego dieron como resultado la formación de las galaxias, nuestro sistema solar y la vida en la Tierra. Esta creencia, que a veces es designada como “evolución teísta”, no está en desacuerdo con las explicaciones científicas de la evolución. En efecto, refleja al carácter notable e inspirador del universo físico estudiado y revelado por la ciencia”.  (National Academy of Sciences, 1999, p. 7).

Bajo tal visión aún si observáramos a sistemas complejos nuevos siendo producidos vía presión selectiva en el campo o en el laboratorio, el diseño no sería falseado ya que el tal se encontraría incluido dentro de las leyes naturales. Sin hacer ningún comentario sobre los méritos de esta posición, solo déjenme decirles que este no es el significado que le asigné a la frase. Por “diseño inteligente” me refiero a un diseño que está implicado más allá de las leyes naturales. Esto es tomando a las leyes naturales tal como han sido dadas y preguntandonos ¿existen otras razones como para concluir que la vida y los sistemas que la componen han sido ordenados intencionalmente? Sea en mi libro, o en este ensayo, siempre que me refiera al diseño inteligente (DI) lo hago en el sentido tajante de diseño por encima de las leyes. Virtualmente, todos los críticos académicos de mi libro han tomado la frase con el sentido tajante que yo le di.

Bajo este sentido objetivo el DI no fue muy bien recibido por la National Academy, por una razón específica:

“El diseño inteligente… no es ciencia debido a que no es testeable por los métodos de la ciencia”. (National Academy of Science, 1999, p. 25)

En la revisión que hizo de Darwin´s Black Box for Nature, Jerry Coyne, un profesor de biología evolutiva de la Universidad de Chicago, explica por qué él también piensa que el diseño inteligente no es falsable:

“Si uno acepta la idea de Behe de que tanto la evolución como la creación pueden trabajar juntas, y que los fines del Diseñador son insondables, entonces uno se enfrenta con una teoría hermética, de la cual no puede probarse que está equivocada. Puedo imaginar evidencia que haría falsable a la evolución (un fósil de homínido en el precámbrico sería algo interesante), pero no una que haga falsable a la teoría complicada de Behe. Aún si, después de un gran esfuerzo, llegáramos a ser capaces de explicar la evolución de una ruta bioquímica compleja, Behe simplemente podría afirmar que la evidencia de diseño reside en las otras rutas inexplicables. Ya que no explicaremos a todas, siempre existirá evidencia para el diseño. Este creacionismo regresivo quizás parezca sagaz y astuto, pero ciertamente no es ciencia”.

Sin embargo, la conclusión de Coyne de que el diseño no es falsable parece estar aventajada por los argumentos de otros críticos de mi libro. Claramente, Russell Doolittle (Doolittle 1997), Kenneth Miller (1999) y otros han presentado argumentos científicos avanzados intentando falsear al DI. (Lea mis artículos acerca de la coagulación sanguínea y el “test ácido” en este sitio web). Si los resultados con los ratones (Bugge, et al) hubiesen sido como los esperados por Doolittle al comienzo, o si el trabajo de Barry Hall (Hall 1999) hubiese demostrado efectivamente el implícito de Miller, entonces ellos creerían de forma correcta que mis afirmaciones sobre la complejidad irreductible han sufrido un duro golpe. Y como mi planteo del diseño inteligente requiere que un proceso no-inteligente sea insuficiente para producir sistemas irreduciblemente complejos, como consecuencia la plausibilidad del DI estaría en graves problemas. Otros científicos, incluso aquellos de la National Academy of Science´s Steering Committe on Science and Creationism, en comentarios sobre mi libro han señalado evidencia física (tal como la estructura similar de la hemoglobina y la mioglobina) de la cual ellos piensan que demuestra que los sistemas bioquímicos irreduciblemente complejos pueden ser producidos por selección natural:

“Sin embargo, las estructuras y procesos caracterizados como “irreduciblemente” complejos típicamente no lo son cuando se los coloca bajo una inspección minuciosa” (National Academy of Science, 1999, p. 22).

Bien, uno no puede estar en los dos lados a la vez. No puede uno decir que el DI no es falsable, y a la vez decir que existe evidencia contra él. O es no-falsable y flota en el aire serenamente a pesar de los reproches experimentales, o puede ser criticado sobre la base de nuestras observaciones y por consiguiente testeado. El hecho de que los críticos presenten evidencia en contra del DI (acertada o no) demuestra que el diseño inteligente es, en efecto, falsable.

Con toda seguridad, mis argumentos sobre el diseño inteligente están abiertos a directas refutaciones experimentales. He aquí un experimento pensado con el propósito de dejar al punto aclarado. En Darwin´s Black Box, he afirmado que el flagelo es irreduciblemente complejo y por ende precisa de un diseño inteligentemente planeado. El punto clave de esta afirmación es que el flagelo no puede ser producido simplemente por selección natural actuando sobre mutaciones aleatorias, o cualquier otro proceso no-inteligente. Para falsear tal planteo, los científicos debieran ir al laboratorio, colocar a especies bacterianas que carezcan de flagelos bajo una presión selectiva (que los induzca a la movilidad), hacer esto durante diez mil generaciones, y observar si fue producido algún flagelo o algún sistema complejo similar. Si esto sucediese, mi planteo sería claramente refutado. [Por dudas sobre la credibilidad de tal experimento vea la referencia (1)]

¿Y qué acerca de aquello a lo que se refiere Coyne, de que si fuese demostrado que un sistema es el resultado de la selección natural, los proponentes del DI simplemente afirmarían que otro sistema fue diseñado? Pienso que esta objeción tiene poca fuerza. Si se demostrara que la selección natural es capaz de producir un sistema de cierto grado de complejidad, luego el supuesto sería que también pudo haber producido algún sistema de complejidad igual o menor. Si Coyne demostrara que el flagelo (el cual requiere aproximadamente cuarenta productos génicos) pudo ser producido por selección natural, sería necio o bobo declarar que el sistema de coagulación sanguínea (el cual consiste de 20 proteínas) necesita de diseño inteligente.

Me ubico del otro lado de la mesa y pregunto: ¿Cómo puede uno falsear al planteo de que el flagelo bacteriano fue construido por un proceso Darwiniano? (El ejemplo de Coyne acerca de un fósil homínido en el precámbrico es irrelevante dado que discuto el mecanismo de selección natural, no el ancestro común. No estoy más expectante que él de encontrar un fósil de homínido fuera de secuencia). Si un científico fuese al laboratorio e hiciese crecer especies bacterianas sin flagelos bajo presión selectiva durante muchas generaciones, y nada significativo pasase ¿Se convencerían los Darwinistas de que la selección natural es incapaz de producir un flagelo? Lo dudo. Siempre se podría objetar que la presión selectiva no fue la correcta, o que la investigación se inició con las especies incorrectas de bacterias, o cualquier otra cosa. Aún si el experimento fuese repetido muchas veces, bajo condiciones diferentes y siempre diese un resultado negativo, sospecho que muchos Darwinistas no concluirán que su argumento de evolución Darwiniana fue falseado. El mismo Coyne escribe lo siguiente acerca de los sistemas bioquímicos complejos:

“Puede que por siempre seamos incapaces de diagramar a las rutas bioquímicas primitivas. Sin embargo, no es válido asumir que por el hecho de que uno no pueda imaginar tales procesos, nunca existieron”. (Coyne 1996)

Si una persona acepta procesos evolutivos que no solo son inobservables, sino que también incapaces de diagramarse, será en efecto imposible de hacerle pensar que está equivocado.

Kenneth Miller publico un “test ácido” para probar la habilidad de la selección natural de producir sistemas irreduciblemente complejos. Él posteriormente declaró que el test fue superado y proclamó a todas voces que el diseño inteligente había sido falseado (Kenneth Miller 1999, Behe is Wrong, p. 147). Pero sí, como ciertamente me parece a mí, el sistema de la lactosa de E. coli no superara el “test ácido” ¿Consideraría Miller que el Darwinismo fue falseado? Creo que no. Él seguramente diría que el experimento se comenzó con el tipo incorrecto de especies bacterianas, se usó una presión selectiva equivocada, y así. De esta manera, queda claro que este “test ácido” no es un test del Darwinismo; solamente es aplicado al diseño inteligente. El mismo modo de testeo fue empleado por Russell Doolittle. Él señaló que los resultados de Bugge et al (1996) son un argumento en contra del diseño inteligente. Pero si los resultados fueran los opuestos a los que originalmente pensó que obtendría, el Dr. Doolittle no abandonaría al Darwinismo.

Parece ser que, contra la intuición de algunos, este diseño inteligente es absolutamente susceptible a la falsabilidad, al menos en los puntos puestos en cuestión. El Darwinismo, por otro lado, parece ser completamente impenetrable de cualquier falsabilidad. Esto se ve claramente cuando uno examina los planteos básicos de dos ideas con respecto a un sistema bioquímico en particular: el flagelo bacteriano. El postulado del diseño inteligente es que “Ningún proceso no-inteligente pudo haber producido a este sistema”. El postulado del evolucionismo es que “Algún proceso no-inteligente (incluyendo a la selección natural y mutaciones aleatorias) pudo producir este sistema”. Para falsear al primero uno solo necesita demostrar que al menos un proceso no-inteligente pudo producir al sistema. Para falsear al segundo uno tendría que demostrar que el sistema no pudo ser formado por ninguno de un número potencialmente infinito de procesos no-inteligentes, lo cual es, en efecto, imposible de hacer.

Pienso que el profesor Coyne y la National Academy of Sciences plantean las cosas al revés. Un punto fuerte del diseño inteligente es justamente su vulnerabilidad a la falsabilidad. (De hecho, a algunos de mis críticos religiosos no les gusta la teoría del diseño inteligente porque les preocupa que sea falsable, y como consecuencia la teología parezca sufrir otro duro golpe por parte de la ciencia. Vea, por ejemplo, Filestra 1998). Un punto débil de la teoría Darwiniana es su resistencia a ser falsable. ¿Qué evidencia experimental debiera ser encontrada como para que sea falsable el enunciado de que las máquinas moleculares complejas evolucionaron a través de un mecanismo Darwiniano?



Autor: Michael Behe. Recibio el doctorado en Bioquimica de la Universidad de Pensilvania en el año 1978. Actualmente trabaja como profesor en la Universidad de Leigh, como investigador en el Discovery Institute. Es uno de los principales teóricos del Diseño Inteligente y ha escrito varios libros sobre la temática. Su libro Darwin's Black Box: The Biochemical Challengue to Evolution fue seleccionado por la revista National Review y World como uno de los 100 libros más importantes del siglo 20. 


Traductor: Daniel Alonso - Estudia Licenciatura en Ciencias Biológicas en la UNT, Argentina.


Fuente: Behe, M. (2000) Objeciones Filosóficas contra el Diseño Inteligente: Respuesta a las Criticas. Discovery Institute, Seattle. (Puedes encontrar este articulo en http://www.discovery.org/a/445)


REFERENCIAS


(1) Kenneth Miller dejó a los lectores de Finding Darwin´s God con la impresión de que un proceso como el tal ocurriría muy fácilmente. Él escribe: “Si la microevolución puede rediseñar un gen en menos que doscientas generaciones (¡para lo cual estaríamos hablando de solo trece días!), ¿qué principios de la bioquímica o la biología molecular evitarían el rediseño de decenas o cientos de genes a lo largo de pocas semanas o meses, para producir nuevas especies? No existen tales principios, por supuesto…”. (Miller 1999, p. 108) Bien, entonces, ¿por qué simplemente el no toma las especies bacterianas adecuadas, les quita los genes que sintetizan sus flagelos, coloca a las bacterias bajo presión selectiva (que induzca movilidad), y produce experimentalmente un flagelo —o cualquier sistema de complejidad similar— en el laboratorio? (Un flagelo, después de todo, solo tiene entre 30 y 40 genes, no los cientos de los cuales Miller afirmo que serían fácil de rediseñar para la selección natural). Si el hiciera esto, mis planteos serían absolutamente falseados. Pero él no lo intentará, porque está exagerando groseramente la probabilidad de éxito.  



2013-02-22

Filogenia de una enzima revela un caso impresionante de evolución convergente —Jonathan McLatchie



La evolución convergente y los indicios filogenéticos discordantes son temas que han sido muy discutidos en Evolution News and Views (por ejemplo, aquí). El hecho de que exista demasiado conflicto filogenético en cada nivel del árbol de la vida carcome a uno de los argumentos a favor del ancestro común (que la distribución jerárquica de diferencias y similitudes denota un patrón similar a un árbol de familia).

Un caso particularmente increíble de evolución paralela fue presentado el año pasado en una publicación en Biology Direct. Los autores reportaron un análisis filogenético de los genes que facilitan la producción de tetrahimanol, un componente que puede ser sintetizado en ausencia de oxígeno molecular (Takishita et al., 2012).

Cuando fue construida la filogenia de los genes que codifican a la enzima responsable de la síntesis del tetrahimanol (Escualeno Tetrahimanol Ciclasa, o STC) se encontró que las “secuencias pertenecientes a eucariotas filogenéticamente distantes (ciliados, excavados, un hongo y un animal) formaron un grupo monofilético dentro de la radiación de la STC con un soporte del 100 % de ML bootstrap y una probabilidad de 1.00 en el análisis Bayesiano”. Esto deja una herencia vertical implausible para la STC ya que se necesitarían “docenas de perdidas paralelas de genes de la STC en muchos linajes eucariotas que corrientemente carecen de este gen”.    

Los autores intentan resolver el problema aludiendo a la posibilidad incongruente de que “el gen de la STC ha sido transferido lateralmente entre eucariotas divergentes a través de un mecanismo desconocido”. Por consiguiente, ellos atribuyen los genes compartidos a la transferencia horizontal de genes (sin ofrecer el tipo mecanismo), una explicación que se convierte en un “todo-vale” a la hora de aclarar los conflictos graves entre las filogenias evolutivas.

En efecto los autores son incapaces de “encontrar algún rastro de vectores LGT putativos tales como elementos transponibles en los flancos de los genes de la SCT en el genoma de los ciliados Tetrahymena y Paramecium,” y admiten no haber encontrado “hasta la fecha ningún homologo distante de la SCT que sea codificado por algún genoma mitocondrial”, dando a entender que “no existe evidencia que relacione a los ejemplos hallados con una transferencia de genes endosimbiótica desde un ancestro mitocondrial (o plastidial) y ninguna otra razón para pensar que tales organelas son relevantes en este caso de transferencia génica”.

Este ejemplo solo es una representación muy significativa de un problema mucho más grande. Como ya se ha registrado: “el conflicto filogenético es común, y frecuentemente la regla en lugar de la excepción” (Dévalos et al, 2012).


¿Es posible que la verdadera razón por la que esta discordancia filogenética es significativa y abundante se deba a que los biólogos evolucionistas están viendo a la biología con los lentes incorrectos? ¿Puede que la razón por la que existe mucho conflicto a la hora de correlacionar a los organismos, se deba que no existe tal árbol?


Autor: Jonathan McLatchie – Tiene un  MRes en biología evolutiva y sistematica de la Universidad de Glasgow. Actualmente es redactor de Evolution News and Views.


Traductor: Daniel Alonso - Estudia Licenciatura en Ciencias Biológicas en UNT, Argentina.




2013-02-21

Behe no ha sido refutado en lo que refiere al flagelo —Jonathan McLatchie




Quienes en algún momento de su tiempo han estado leyendo literatura concerniente a la controversia DI/Evolución estarán, de seguro, familiarizados con la típica respuesta evolucionista al argumento de la complejidad irreductible de Behe, en particular referida al flagelo. Al parecer, en la mayoría de los darwinistas existe una unanimidad de opinión con respecto a que el planteo de la complejidad irreductible aplicada al flagelo bacteriano ha sido refutado, y de que los proponentes del DI estamos constantemente cambiando las reglas del juego, hundiéndonos más y más, y aferrándonos a argumentos meramente superficiales. Como era de esperar, hace poco una persona escribió en facebook:


“Lo que más me fastidia de los proponentes del Diseño Inteligente es que nunca se rinden. ¿Cuántas veces hay que decirte que tal cosa es un error para que tú lo admitas? ¿Cuántas veces debe ser refutado el DI a través de trabajos reconocidos y publicados para que tu reconozcas de que se trata de una causa perdida? La historia de la complejidad irreductible del flagelo bacteriano se encuentra completa y absolutamente cerrada. Esto es un error. El juego ha terminado”.


Recientemente, en el comedor del bar Q&A en el que se realizaba una sesión sobre Fe y Ciencia, presenté al flagelo como un ejemplo documentado de complejidad irreductible y recibí respuestas muy parecidas.

Pero ¿es esta afirmación realmente correcta? Este argumento ¿ha sido refutado por las críticas? Hace un año atrás leí el libro Why Intelligent Design Fails - A Scientific Critique of the New Creationism (editado por Matt Young and Taner Edis). El capítulo 5 de esta obra fue aportado por Ian Musgrave, y se encuentra titulado como “Evolution of the Bacterial Flagelum”. Dirigido como respuesta a Michael Behe y William Dembski, Musgrave intenta hacer desvanecer, de una vez por todas, la noción de complejidad irreductible. Mientras leía este capítulo, recuerdo haberme sentido muy poco impresionado. En la página 82, Musgrave ofrece el siguiente argumento:


“He aquí un escenario de la evolución del flagelo bacteriano: primero surge un sistema de secreción, basado en un eje SMC y un complejo del poro, y el cual fue el antecesor común entre el Sistema de Secreción de tipo III y el sistema flagelar. La asociación de un canal iónico (el cual después se convertirá en la proteína del motor) a esta estructura permitió desarrollar la función de secreción. Aún hoy, las proteínas del motor, las cuales forman parte de una familia de proteínas que impulsan la secreción, pueden fácilmente disociarse y re-asociarse a la estructura flagelar. El eje y el complejo del poro tal vez ya podían rotar en este estado, tal como ocurre en algunos sistemas en los que el giro se produce por deslizamiento, sin motor. Un filamento proto-flagelar apareció después como parte de la estructura de secreción proteica (comparar con el pilus de Pseudomonas, los apéndices filamentosos de Salmonella, y las estructuras filamentosas de E. coli). El movimiento alternado entre el deslizamiento y el impulso motriz apareció en el siguiente estado o después, y luego fue refinado en el típico movimiento de natación. La regulación y la conmutación se pueden agregar luego, ya que existen bacterias modernas que, aunque carecen de estos atributos, mantienen un excelente desempeño en sus ambientes (Shah y Sockett 1995). En cada estado aparece un beneficio junto con el cambio de estructura”.

 
En efecto, Mark Pallen y Nick Matzke construyen un argumento similar en su artículo publicado en la Revista Nature en 2006 (un trabajo que fue citado por un miembro de la audiencia durante la visita reciente de Behe al Reino Unido). Ken Miller también es conocido por sus ya rutinarias afirmaciones parecidas con respecto a la evolución del flagelo a partir de un Sistema de Secreción de Tipo III, ampliamente basado en consideraciones sobre las homologías de secuencia en las proteínas.

Por lo tanto ¿logran estos puntos derribar de una vez por todas al trabajo molesto y fastidioso del Diseño Inteligente? Bien, actualmente no. En realidad, los argumentos de todos los señores anteriormente mencionados trivializan varias cuestiones importantes.

Primero y principal, trivializan la complejidad y sofisticación pura del sistema flagelar —tanto del aparato de ensamblaje, así como el diseño artístico de su estructura estable—. En la actualidad, el proceso a través del cual el flagelo es auto-ensamblado es de tal manera sofisticado que tengo que hacer un gran esfuerzo para explicarlo de forma accesible para aquellas personas que no lo conocen. Este conjunto de conceptos es difícil de asimilar por aquellos que no están acostumbrados a imaginar un sistema tal, o por aquellos que lo estudian por primera vez. Pero, al mismo tiempo, las bases mecánicas del ensamblaje flagelar adquieren un aire de elegancia e hipnotismo tal que la pura brillantez de ingeniería del flagelo —y, efectivamente, la magnitud del desafío que trae al darwinismo— no puede ser adecuadamente apreciada sin un mínimo conocimiento superficial de sus operaciones. Echemos un breve vistazo.

El auto-ensamblaje del aparato flagelar.

La síntesis del flagelo bacteriano requiere la expresión orquestada de más de 60 productos génicos. Su biosíntesis dentro de la célula se encuentra orquestada por genes que están organizados en una cascada ordenada de forma precisa, en la cual la expresión de un gen a un nivel dado requiere la expresión previa de otros genes a un nivel superior. El paradigma, u organismo modelo, del ensamblaje flagelar es Salmonella, una bacteria de la familia de las Enterobacteriaceae. Como consecuencia mi discusión se centra principalmente en Salmonella, salvo que lo indique de otra manera.

El sistema flagelar de Salmonella cuenta con tres clases de promotores (un promotor es semejante a un tipo de interruptor molecular el cual es capaz de iniciar la expresión cuando es reconocido por la ARN polimerasa y una proteína especializada asociada a esta, denominada “factor sigma”). Estos tres promotores son conocidos como “Clase I”, “Clase II” y “Clase III”. Su transcripción secuencial se encuentra asociada al proceso de ensamblaje flagelar. La Clase I contiene solo dos genes en un operón (nombrados como FlhD y FlhC). La clase II consiste en 35 genes distribuidos en ocho operones (incluyendo genes implicados en el ensamblaje del gancho junto con el cuerpo basal y otros componentes del flagelo, así como también el aparato exportador  y dos genes reguladores designados como “FliA” y “FlgM”). Aquellos genes involucrados en la síntesis del filamento se encuentran controlados por los promotores de Clase III.

El promotor de Clase I conduce la expresión de un regulador superior (particular de las Enterobacteriaceae, entre las cuales Salmonella está incluida) denominado “FldH4C2” (¡no se preocupe en recordarlo!). Una vez que ha entrado en acción, el regulador maestro actúa sobre los promotores de Clase II y lo hace en asociación con un factor sigma, σ70 (recuerde, anteriormente dije que el factor sigma de la ARN polimerasa es una proteína capaz de vincularse de forma específica a los promotores génicos). A continuación, los promotores de Clase II son responsables de la expresión génica de las subunidades y reguladores del gancho y el cuerpo basal, incluyendo otro factor sigma nombrado como σ28 (el cual es codificado por un gen denominado FliA) y su factor anti-sigma, FlgM (un factor anti-sigma, tal como el nombre lo sugiere, se une a un factor sigma a fin de inhibir la actividad de transcripción). El factor σ28 es precisado para activar a los promotores de Clase III. Pero aquí es donde potencialmente nos encontramos en un problema. No tiene ningún sentido comenzar con la síntesis de los monómeros de flagelina antes de que se complete la construcción del gancho y el cuerpo basal. Por consiguiente, con el objetivo de inhibir al σ28, el factor anti-sigma (FlgM) que es aludido arriba inhibe su actividad y la prohíbe actuando sobre la interacción que se forma con el complejo holoenzimático de la ARN polimerasa. Cuando la construcción del gancho y el cuerpo basal se encuentra finalizada, el factor anti-sigma FlgM es exportado (transportado hacia afuera de la célula) a través de las estructuras flagelares que fueron producidas por los genes de la Clase II. Luego y finalmente, los promotores de Clase III (que son responsables por la expresión de los monómeros de flagelina, el sistema de quimiotaxis y los motores generadores de fuerza) son activados por el σ28 y el flagelo puede ser terminado.

Pero esto se pone más interesante. El sistema de exportación flagelar (que es la vía por la cual FlgM es removido de la célula) tiene dos estados de especificidad de substrato: substratos de tipo eje/gancho y sustratos de tipo filamento. Durante el proceso de ensamblaje flagelar, la “llave” de especificidad de substrato debe ser “empujada” para que se cambie desde el estado precedente al último. Las proteínas que forman parte del gancho y el eje necesitan ser ser exportadas antes que aquellas que forman el filamento. Pero ¿cómo toma lugar este cambio de especificidad de substrato?

Una proteína transmembrana designada como FlhB es el elemento clave en este proceso. También existe una proteína reguladora del largo del gancho, denominada FliK, la cual está encargada de asegurar que la longitud del gancho sea de la medida correcta (55 nm). La misma proteína también es responsable del cambio de especificidad de substrato de exportación. Como no podría ser de otra forma, sin la FliK, la capacidad de cambiar a la exportación de filamento y el control de la longitud del gancho se pierden completamente. La FliK tiene dos dominios clave: el dominio N-terminal y el C-terminal. Durante el ensamblaje del gancho, el FliKN funciona como un sensor molecular y transmite información sobre la extensión del gancho. Cuando el gancho alcanza la dimensión correcta, la información es transmitida a FliKC y a FliKCT, resultando en un cambio conformacional, que termina ligando a la FliKCT con la FlhBC. Tal unión provoca un cambio conformacional en la FlhBC. Esto causa la inversión de la especificidad de substrato.



El ensamblaje flagelar se inicia en la membrana plasmática, continuando a través del espacio periplásmico y finalmente extendiéndose por fuera de la célula. El flagelo consiste principalmente en dos partes fundamentales: el sistema de secreción y la estructura axial. Los componentes principales de la estructura axial son FlgG para el eje, FlgE para el gancho y FliC para el filamento. Todos los cuales se ensamblan con la asistencia de una proteína cap. De estas, solo la FliD queda como resto por encima del filamento en el producto final. Otros componentes de la estructura axial (denominados FlgB, FlgC, FlgF) conectan al eje y al complejo de anillos MS. El gancho y el filamento se encuentran conectados por FlgK y FlgL.

Cuando el anillo C y el eje C se anclan al anillo M en su superficie citoplasmática, el complejo de anillos MS —el cual es el cimiento estructural del aparato— puede comenzar a secretar proteínas flagelares.

La estructura del eje es montada a través de la capa de peptidoglicano. Pero su crecimiento no es capaz de atravesar la barrera física que le presenta la membrana externa sin algún tipo de asistencia. De esta manera, el complejo del anillo externo hace un agujero en la membrana, tal que el gancho puede crecer bajo la coordinación de la FlgD hasta que alcance la extensión critica de 55nm. Luego los sustratos que están siendo sintetizados pasan del modo gancho-eje al modo flagelina, la FlgD puede ser reemplazada por proteínas asociadas al gancho y el filamento continua su formación. Sin la presencia de la proteína cap FliD, los monómeros de flagelina se pierden. Por consiguiente, esta proteína cap es esencial para que el proceso tenga lugar.

La evolución del flagelo a partir del TTSS no funciona.

Puede que alguno haya pensado que la descripción dada arriba debe ser más que suficiente como para ignorar a las trivializaciones extremas de Kenneth Miller et al. Pero la situación se complica más para la historia Darwinista. ¿Por qué exactamente la biosíntesis flagelar es así de orquestada y regulada? No solo que las demandas energéticas hacen del flagelo un sistema extremadamente costoso de hacer funcionar, sino que la expresión prematura de proteínas flagelares induce quizás una poderosa respuesta inmune en el sistema del hospedador, algo que la bacteria no busca.  

¿Cuál es la importancia de esto desde un punto de vista evolutivo? Si usted es una Yersinia en posesión de un Sistema de Secreción de Tipo III, la última cosa que usted haría es desplegar estos péptidos de flagelina a los macrófagos. Algo como tal no dudaría en ser perjudicial para los mecanismos antiinflamatorios de la Yersinia.

Conclusión

Mi descripción, dada arriba, solo ha rozado la superficie de este ítem espectacular de la nanotecnología (por más detalle, vea aquí). Por razones de brevedad aún no he discutido del proceso notable de la quimiotaxis, los dos componentes de la transducción de señal del circuito, la conmutación rotacional, y la fuerza protónica que pone en funcionamiento al flagelo (por detalles acerca de esto, vea mi discusión aquí, o por mas detalles, vea esta publicación de revista). La cuestión de fondo aquí es que la teoría moderna del Darwinismo —como clásicamente se entiende— en ningún lado ha concluido su explicación sobre el origen de esta máquina motriz extraordinaria, compleja y sofisticada. Quizás, al igual que las “explicaciones” darwinistas sobre el ojo que al comienzo parecen convencer a los novatos, poco familiarizados con las maravillas de la bioquímica y las bases moleculares de la visión; así también las “explicaciones” evolucionistas rápidamente se vuelven vacías y poco persuasivas cuando se considera los detalles moleculares del sistema. Cuando uno complementa los detalles dados arriba con la impotencia total del neo-Darwinismo de producir nuevos pliegues en las proteínas y nuevos sitios de unión proteína-proteína, surge la pregunta en la cabeza ¿puede este sistema auto-tejerse vía modificaciones pequeñas y sucesivas, etapa por etapa? Dado que la propuesta clave del darwinismo engaña en su supuesta eficacia a la hora de explicar la abundante apariencia de diseño, acaso ¿no indica su demostrada impotencia que es hora de considerar al postulado del diseño, ya antes colocado sobre la mesa, como una propuesta científica viable y respetable?

Douglas Axe del Biologic Institute demostró en un trabajo reciente publicado en la revista Bio-complexity que el modelo de duplicación génica y reclutamiento solo funciona cuando se requieren muy pocos cambios para adquirir una nueva utilidad o neo-funcionalización seleccionable. Si un gen duplicado es neutral (en términos de costo al organismo), el número máximo de mutaciones que una innovación puede requerir dentro de una población de bacterias se encuentra por arriba de seis. Si el gen duplicado tiene poco costo negativo de adecuación, el número máximo cae a dos o menos (no incluyendo a la duplicación misma).


Parece ser que el flagelo bacteriano es como mucho —y tal vez de forma extraordinaria— un desafío a la evolución Darwiniana tal como lo era allá por 1996, cuando Behe lo mencionó por primera vez en Darwin´s Black Box.


Autor: Jonathan McLatchie – Tiene un  MRes en biología evolutiva y sistematica de la Universidad de Glasgow. Actualmente es redactor de Evolution News and Views.


Traductor: Daniel Alonso - Estudia Licenciatura en Ciencias Biológicas en UNT, Argentina.


Fuente: http://www.evolutionnews.org/2011/03/michael_behe_hasnt_been_refute044801.html.


 

La función mínima —Michael Behe


Hasta el momento hemos examinado la cuestión de la complejidad irreductible, y la hemos visto como un desafío a la evolución por etapas (ver aquí). Pero existe otra dificultad para Darwin. Mi lista previa de las dificultades que deja una ratonera irreduciblemente compleja ha sido muy generosa, ya que la mayoría de los artefactos que presenten los cinco componentes de una ratonera típica fallarán, no obstante, en cumplir su función. Si la plataforma estuviese hecha de papel, por ejemplo, la trampa fallaría. Además, si el martillo fuese muy pesado, acabaría rompiendo el muelle. Si el muelle estuviese flojo, no lograría mover al martillo. Si la barra de sujeción fuese muy corta, esta no alcanzaría al cepo. Si el cepo fuese muy largo, no relacionaría su función a la de las otras piezas. Se necesita una simple lista de componentes para hacer una trampa de ratones, pero no es suficiente como para construir una trampa de ratones que sea funcional.

Para ser candidato a la selección natural un sistema debe tener una función mínima: la capacidad de realizar un trabajo determinado bajo circunstancias físicamente realistas. Una ratonera elaborada con los materiales inapropiados no cumplirá con el criterio de función mínima; incluso existen máquinas que hacen todo aquello que se supone que deben hacer y, sin embargo, no son de mucha utilidad. Como ilustración, suponga que el primer motor fueraborda del mundo fue diseñado e introducido en el mercado. El motor funcionó débilmente quemando gasolina a ritmo controlado, transmitiendo su fuerza a lo largo del eje y haciendo rotar a la hélice, pero esta última roto a solo una revolución por hora. Esta es una hazaña tecnológica impresionante; después de todo, quemar gasolina cerca de una hélice no le hace daño al bote. Sin embargo, poca gente compraría tal máquina, porque falla al no cumplir su propósito de una forma adecuada y competente.

El rendimiento es el inadecuado debido a alguna de las razones siguientes. La primera razón es que la máquina no concluye el trabajo. Un grupo de pescadores que se encuentren en medio del lago sobre un bote con una hélice que gire muy lentamente no llegaran al puerto: las corrientes eventuales del agua y del viento sacarían de su curso a la embarcación. La segunda razón por la que el rendimiento sería el inapropiado se da si el aparato en cuestión es menos eficiente que el trabajo que se puede realizar por otros medios más simples. Ninguno usaría un motor fueraborda ineficiente cuando puede mover el bote por sí solo o con una vela.

A diferencia de la complejidad irreductible (en donde podemos enumerar partes discretas), la función mínima es a veces difícil de definir. Si una revolución por hora es insuficiente para un motor fueraborda; ¿Cómo lo serán cien? ¿O mil? No obstante, la función mínima es crítica en la evolución de las estructuras biológicas. Por ejemplo, ¿Cuál es la cantidad mínima de hidroquinona que puede detectar un depredador? ¿Cuánto cambio puede percibir de un aumento de temperatura en una solución? Si el predador no puede anoticiarse de una cantidad simple de hidroquinona o un de pequeño cambio de temperatura, nuestro cuento de Dawkins sobre la evolución del escarabajo bombardero queda guardado entre las historias de la vaca que salta sobre la luna. Los sistemas irreduciblemente complejos son calles horriblemente bloqueadas para la evolución Darwiniana; la necesidad de una función mínima exacerba el dilema.


Autor: Michael Behe. Recibio el doctorado en Bioquimica de la Universidad de Pensilvania en el año 1978. Actualmente trabaja como profesor en la Universidad de Leigh, como investigador en el Discovery Institute. Es uno de los principales teóricos del Diseño Inteligente y ha escrito varios libros sobre la temática. Su libro Darwin's Black Box: The Biochemical Challengue to Evolution fue seleccionado por la revista National Review y World como uno de los 100 libros más importantes del siglo 20. 

Traductor: Daniel Alonso - Estudia Licenciatura en Ciencias Biológicas en la UNT, Argentina.

Fuente: Behe, M. (1996) Darwin's Black Box: The Biochemical Challengue to Evolution, 10th ed. (2006) Free Press, New York, p. 45-47. 


2013-02-13

Juicio de Kitzmiller: ¿El flagelo bacteriano refutado? Respuesta al debil argumento de Ken Miller (PARTE II) —Casey Luskin


                                Vea la parte I haciendo click AQUÍ

Como ejemplo ilustrativo: el auto.

A fin de entender como el test de Miller falla al aplicarse a lo formulado por Behe sobre la complejidad irreductible, considere el ejemplo de un motor de auto y un tornillo. Un motor de auto contiene varias clases de tornillos y un tornillo puede ser visto como una pequeña “sub-parte” o “sub-sistema” del motor del auto. Bajo la lógica de Miller, si un tornillo esencial del motor de mi auto cumple también alguna otra función, tal vez como asa o agarradera, esto significa que todo el sistema del motor no es irreduciblemente complejo. Un argumento como el tal es obviamente falaz.

Al determinar si un motor es irreduciblemente complejo, uno debe enfocarse en la función del motor en sí mismo, no en la función de alguna sub-parte que pudiera operar en otro lugar. Es obvio que un tornillo fuera de mi motor puede cumplir algún otro propósito en mi auto. Sin embargo esa observación no explica cómo componentes de elevada complejidad como pistones, cilindros, árbol de levas, válvulas, cigüeñal, bujías, el distribuidor, pudieron conectarse entre ellos en la configuración apropiada a fin de construir un motor de auto. Aún si todas estas partes desempeñaran algún otro rol en el auto (lo cual es dudoso), ¿Cómo es que estas partes fueron ensambladas apropiadamente para construir un motor funcional? La respuesta precisa de Diseño Inteligente.

Behe plantea que un sistema es irreduciblemente complejo si el sistema deja de funcionar con la remoción de una parte. Es un test apropiado para la teoría de Darwin ya que genera la pregunta ¿Es este el mínimo nivel de complejidad que se necesita para que el sistema sea funcional? Mi motor de auto contiene un conjunto de partes necesarias en orden de función. La habilidad que tiene un tornillo del motor como para funcionar también como un asa o agarradera no refuta a la disposición irreduciblemente compleja de las partes, necesaria para hacer funcional al sistema final del motor. Behe nunca sugiere que los sub-sistemas no puedan desempeñar otro rol en la célula— de hecho el sugiere lo contrario. Más bien Behe simplemente arguye que la evolución precisa que el sistema total deba ser producido en pequeñas y sucesivas etapas, en donde cada etapa es funcional.  

Miller caracterizó erróneamente a la complejidad irreductible, y su test de evaluación es muy pobre a la hora de refutarla. El test de complejidad irreductible no pregunta “¿Puede una pequeña parte del macrosistema ser usada para alguna otra cosa?” como Miller plantea, sino que más bien pregunta “¿Puede el sistema como un todo ser construido en un proceso de varias etapas en el cual no se necesiten modificaciones no-pequeñas para alcanzar la función final?” cualquier modificación no-pequeña en la complejidad precisada para ir desde una sub-parte funcional que opera fuera del sistema final, hacia el sistema final, entero y funcional, representa la complejidad irreductible de un sistema.

Aún si Miller se diera con que cada parte del flagelo existió en algún otro lugar de la bacteria (lo cual no ocurre en la realidad —él solo puede referirse al cuerpo basal, que contiene aproximadamente 1/4 de las proteínas del flagelo) Miller no está dando evidencia plausible acerca de la evolución del flagelo hasta que haya explicado cómo todas las partes flagelares pudieron haberse agrupado y configurado como para formar un flagelo funcional. Solo después de esto Miller puede afirmar que el flagelo bacteriano no es irreduciblemente complejo.

Otras autoridades concuerdan con Behe.
En Dembski’s Expert Rebuttal William Dembski capta la esencia del problema con la definición y la mala evaluación de Miller sobre la CI:


“Encontrar un sub-sistema de un sistema funcional, que desempeñe otra función es difícilmente un argumento que pruebe que el sistema original evolucionó de otro sistema. Uno podría afirmar que por el hecho de que el motor de una motocicleta puede ser usado como una batidora, por consiguiente el motor [de la batidora] evolucionó en una motocicleta. Tal vez, pero no sin diseño inteligente. Efectivamente, sistemas funcionales multi-parte e integrados herméticamente contienen casi de forma invariable sub-sistemas multi-parte que cumplen alguna función diferente. En el mejor de los casos la TTSS [Sistema de Secreción de Tipo III] representa una posible etapa en la evolución indirecta del flagelo bacteriano. Pero tal no constituiría una solución al problema del flagelo bacteriano. Lo que se necesita es una secuencia evolutiva completa y no meramente un posible oasis a lo largo del camino. Afirmar lo contrario sería como decir que podemos viajar a pie desde Los Angeles hasta Japón porque descubrimos las Islas Hawai. La Biología Evolutiva enfrenta un problema más grande que ese”.


Aunque Miller describió cómo podría haberse originado apenas una fracción de las piezas flagelares, Scott A. Minnich y Stephen C. Meyer explican que la mera disponibilidad de las partes es insuficiente para explicar la evolución de un sistema:


“Aún si todas las piezas proteínicas estuvieron de algún modo disponibles a la hora de construir un flagelo en el pasado, durante la evolución de la vida, las piezas necesitarían ser ensambladas en la secuencia temporal correcta  así como un auto es ensamblado en una fábrica. Aún, para coreografiar el ensamblaje de las partes del motor flagelar, las bacterias de la actualidad necesitan un sistema elaborado de instrucciones génicas así como también muchas otras maquinas proteicas para hacer cumplir las instrucciones de ensamblaje. Razonablemente, el sistema en sí mismo es irreduciblemente complejo. En cualquier caso, el argumento de la co-opcion presupone tácitamente la necesidad de que muchas cosas sean explicadas —un sistema de proteínas funcionalmente interdependiente (16)”.

De forma similar el filósofo Angus Menuge traza un numero de obstáculos que deben ser superados por las explicaciones de “co-opcion” o “exaptación”, ninguno de los cuales fueron mencionados por Miller durante el juicio. Menuge escribe:
“Para que un flagelo funcional haya surgido por exaptación , debemos antes enfrentar a las cinco condiciones siguientes:

C1: Disponibilidad. Entre las partes disponibles para la elaboración del flagelo, se necesitarían unas capaces de realizar funciones altamente especializadas como el empuje, rotor, y motor, aunque los ítems mencionados tengan o no otra función.

C2: Sincronización. La disponibilidad de estas partes debería estar sincronizada de tal manera que en algún punto, individualmente o en combinación, todas deben estar disponibles al mismo tiempo.

C3: Localización. Todas las partes seleccionadas deben aparecer en el mismo “sitio de construcción”, tal vez no simultáneamente, pero si en el tiempo en el que sean necesitadas.  

C4: Coordinación. Las partes deben estar coordinadas solo en la dirección correcta: aún si todas las partes del flagelo estuviesen disponibles en el tiempo correcto, es claro que la mayoría de las vías de ensamblaje los hará no-funcionales o irrelevantes.

C5: Compatibilidad de Interface. Las partes deben ser mutuamente compatibles, esto es, “adecuadamente ensambladas”, capaces de interactuar correctamente: aún si el empuje, el rotor y el motor son colocados en el orden correcto, también necesitan tener una interface correcta (17)”.

 

William Dembski toma un enfoque similar al de Menuge. Dembski combina efectivamente algunos de los criterios de Menuge en orden de desarrollo con el propósito de calcular la probabilidad de construcción de un objetivo irreduciblemente complejo. Para calcular la probabilidad de un “objetivo discreto y combinado” uno debe tener en cuenta la probabilidad de que las partes se hayan originado, la probabilidad de encontrar a las partes todas en el lugar precisado, y la probabilidad de que las partes configuren entre sí.

(18)

 Es claro que Miller se dio con que la probabilidad de origen de 1/4 de las proteínas flagelares es de 1/1 si la TTSS (o tal vez una estructura similar) existió antes que el flagelo. Sin embargo no hizo referencia al origen de las restantes proteínas flagelares, ni señalo tampoco la Plocal o la Pconfig en su escenario evolutivo. A la luz del criterio de Menuge y de Dembski, es más que necesario pedir a Miller que dé respuestas a las siguientes preguntas:

— ¿Qué funciones fueron desempeñadas por el empuje, el rotor, o el motor además las flagelares? (En el juicio Miller explicó solo la función del cuerpo basal del flagelo aludiendo a la TTSS, pero dejó sin explicar las porciones motorizadas más complejas y vitales del flagelo).

— ¿Cómo fueron sincronizadas las partes del flagelo? (En el juicio, Miller nunca discutió esto)

— ¿Cómo es que las partes llegaron a localizarse en el mismo sitio de construcción? (En el juicio, Miller nunca trato esta cuestión).

— ¿Cómo es que las partes llegaron a estar estructuralmente coordinadas e  interactuar cuando fueron ensambladas para realizar la función flagelar? (Y otra vez, Miller no toco este tema).

En el juicio, Miller nunca respondió a estas preguntas importantes. En su lugar, presento una evaluación exterior de la complejidad irreductible a través de la cual convenció al Juez de algo que no puede ni remotamente arrimarse a una evidencia sobre cómo pudo el flagelo haber evolucionado.

Una analogía final: El Arco

La respuesta de Miller sobre el flagelo bacteriano no refuta su complejidad irreductible, ya que Miller no señala nada acerca de cómo pudo surgir el sistema flagelar final. Aunque existan otras funciones para la TTSS, eso no implica que el sistema flagelar no necesite de saltos largos de complejidad (en términos darwinianos, modificaciones no-pequeñas) en el camino a la producción de un flagelo funcional. A fin de usar una analogía final para mostrar la deficiencia de la explicación de Miller, considere mi intento de construir un arco irreduciblemente complejo:



(Nota: debido al propósito de la ilustración, yo ignoro temporalmente la objeción de que un arco irreduciblemente complejo pudo haberse producido a través de procesos erosivos naturales. Estoy consciente de lo poco apropiada de esta analogía dentro del campo biológico, pero no es el propósito presente de esta discusión refutar tal objeción).

De acuerdo con Miller, si podemos encontrar una función para alguna sub-pieza, entonces el sistema ya no es irreduciblemente complejo. Bien, ahora rompamos este arco en sub-piezas:



Correcta evaluación de la complejidad irreductible.
La evaluación de Miller es muy simple, superficial y personal. Para ser correcta debería haberse escrito de esta forma:


“La predicción que hace Behe es que un sistema irreduciblemente complejo, se revelará a través de algún estado no funcional a lo largo su camino evolutivo. Por consiguiente, debiéramos ser capaces de tomar el flagelo bacteriano, por ejemplo, remover alguna parte, y descubrir que el sistema cesa de trabajar”.


El testimonio de Miller y la conclusión del Juez Jones se basan en un falso testeo de la complejidad irreductible el cual se encuentra enfocado en la funcionalidad de una sub-parte, y no en la funcionalidad del sistema flagelar entero. Si Miller pudiera encontrar funciones paralelas para todos los sub-sistemas flagelares, al menos habría logrado algún progreso en la explicación evolutiva, ya que habría satisfecho el primer criterio de Menuge referido a la “Disponibilidad” (C1). Sin embargo, como Minnich y Meyer preguntan:


“Las otras treinta proteínas del motor flagelar (las cuales no se encuentran presentes en la TTSS) son únicas del motor y no se encuentran en sistemas de otros organismos. Entonces, ¿de dónde co-optaron estas partes proteicas?”


Miller no respondió a esta pregunta. Tal como se establece, Miller pudo proveer solo a la TTSS como evidencia de la evolución del flagelo, y únicamente señaló la disponibilidad de 1/4 del primer criterio de Menuge. Ignorando el hecho de que probablemente la TTSS evolucionó del flagelo, y no de la otra forma, si Miller pudiera registrar la disponibilidad (C1) de todas las partes del flagelo luego tendría que simplemente explicar la Sincronización (C2), Localización (C3), Coordinación (C4), y la Compatibilidad de Interface (C5) para recién hablar de evolución del flagelo; siempre eliminando la necesidad de modificaciones “no-pequeñas” a lo largo del camino evolutivo.

Pero Miller no hizo nada de esto. A pesar de la insuficiencia de las explicaciones de Miller, el Juez Jones decidió que las los argumentos del Dr. Kenneth Miller y sus declaraciones poco exactas sobre la complejidad irreductible eran correctas. Se decidió esto incluso ante el hecho de que el Dr. Scott Minnich, un microbiólogo pro-DI experto en el flagelo, testifico arduamente durante el juicio acerca de cómo su propia evaluación demuestra la complejidad irreductible natural del flagelo. Considere el testimonio de Minnich, el cual fue ignorado completamente por el juez durante la decisión de Kitzmiller:


“Trabajo con el flagelo bacteriano, e investigo principalmente sobre la función de este, por ejemplo, exponiendo células a agentes o compuestos mutagenicos  y luego registrando aquellas células que han atenuado o perdido su motilidad. Ese es su fenotipo. Las células pueden o no nadar. Nosotros mutagenizamos a las células: si afectamos a un gen que está implicado en el funcionamiento del flagelo, estas no pueden nadar, lo cual es un fenotipo registrable que usamos. Luego se emplea ingeniería inversa para identificar todos estos genes. Complementamos esto con bioquímica para reconstruir esencialmente la estructura y entender a qué parte individual corresponde determinada función. En resumen este proceso es semejante a diseñar, lo que impulsa a la biología desde una ciencia meramente descriptiva hacia una ciencia experimental en términos del empleo de estas técnicas” (20).


Minnich explicó que indujo mutaciones en todos los genes del flagelo y que encontró que el flagelo pierde su función aún si solo un gen se pierde. Por ende, el flagelo es irreduciblemente complejo con respecto a su cumplimiento genético:


“Una mutación, una pieza fuera de encaje, y no podrán nadar. Colóquese este gen otra vez en su lugar y se restaurará la motilidad. Quite una parte, y coloque en su lugar una copia muy buena del gen y, de nuevo, podrán nadar. Por definición el sistema es irreduciblemente complejo. Hemos hecho esto con todos los 35 componentes del flagelo, y nos dio el mismo resultado” (21).


Desafortunadamente, el Juez Jones decidió ignorar este testimonio.

Conclusión.
Teniendo en cuenta a las afirmaciones del Juez Jones, los argumentos pro-DI referentes a la complejidad irreductible del flagelo nunca fueron, como Jones dice, “refutados”. Miller le dio al Juez una falsa caracterización de la complejidad irreductible y un método muy superficial para testearla. Desgraciadamente, esta decisión del juez que canonizó a la mala representación, dejará a la comunidad científica y al público en general asumiendo erróneamente que el origen evolutivo del flagelo bacteriano puede ser explicado. Increíblemente, a pesar del testimonio de Minnich y la presentación de sus logros experimentales el Juez Jones aún sostuvo que “El DI… fracasó en… vincular la investigación y la evaluación” (22).

El juez también aceptó la afirmación falaz de Miller de que la complejidad irreductible no es un argumento positivo para sustentar el diseño, sino un mero argumento negativo en contra de la evolución. Tal vez tengamos visiones diferentes de este caso. Minnich y Meyer hacen de este un ejemplo positivo de diseño en el flagelo:


“Las máquinas moleculares despliegan una firma o un sello clave de diseño, denominado complejidad irreductible. En todos los sistemas irreduciblemente complejos en los cuales la función del sistema es conocida por experiencia u observación, la ingeniería o el diseño inteligente han jugado un rol en el origen del sistema. … El hecho de que hayamos encontrado sistemas biológicos que imiten nuestras capacidades de diseño e ingeniería, nos deja de forma justificada la pregunta sobre si estos sistemas son el producto de un azar y necesidad no dirigidos, y sin propósito. En efecto, bajo algún otro contexto reconoceríamos de forma inmediata a tales sistemas como el producto de una ingeniería inteligente. Aunque alguno, quizás, diga que este es un mero argumento basado en la ignorancia, lo consideramos como una inferencia de la mejor explicación, dado que conocemos que los fenómenos inteligentes son estrictamente opuestos a las causas naturales o materiales” (23).


Como conclusión, la decisión del Juez Jones sobre el origen del flagelo debería ser desacreditada ya que es un ejemplo de política partidaria, y no de un análisis científico preciso y objetivo.

Agradezco a Alex Binz, David Klinghoffer, y a un bioquímico anónimo de la Universidad de California, por su ayuda en este post. Todos los errores son míos.




Autor: Casey Luskin. Es abogado, con estudios de postgrado en ciencia y leyes. Obtuvo su B.S. y M.S. en Ciencias de la Tierra de la Universidad de California en San Diego. Su Licenciatura en Derecho la obtuvo en la misma universidad. Trabaja en el Discovery Institute como Coordinador del Center for Science and Culture. Anteriormente, realizó una investigación geológica en la Scripps Institution for Oceanography (1997-2002).

Traducción: Daniel Alonso. Estudia Licenciatura Ciencias Biológicas en UNT (Universidad Nacional de Tucumán), Argentina. 




REFERENCIAS 

(13) Michael Behe, Darwin's Black Box, pg. 39 (Free Press, 1996).


(15) William A. Dembski, Rebuttal to Reports by Opposing Expert Witnesses, en http://www.designinference.com/documents/2005.09.Expert_Rebuttal_Dembski.pdf.


(16) Scott A. Minnich y Stephen C. Meyer, Genetic Analysis of coordinate flagellar and type III regulatory circuits in pathogenic bacteria, pg. 8, en http://www.discovery.org/scripts/viewDB/filesDB-download.php?id=389


(17) Angus Menuge, Agents Under Fire: Materialism and the Rationality of Science, pgs. 104-105 (Rowman & Littlefield, 2004).


(18) Tabla basada en las descripciones de William A. Dembski, No Free Lunch: Why Specified Complexity Cannot be Purchased
Without Intelligence, pg. 291 (Rowman & Littlefield, 2002).


(19) Scott A. Minnich y Stephen C. Meyer, Genetic Analysis of coordinate flagellar and type III regulatory circuits in pathogenic


(20) Testimonio de Scott Minnich, Día 20, sesión pm, pg. 105.


(21) Testimonio de Scott Minnich, Día 20, sesión pm., pg. 107-108.


(22) El fallo de Kitzmiller, pg. 89.


(23) Scott A. Minnich y Stephen C. Meyer, Genetic Analysis of coordinate flagellar and type III regulatory circuits in pathogenic